miércoles, 20 de junio de 2018

Iñaki Antón: «Mientras quieras hacer cosas, estás vivo. Da igual que sea música, cooperar en la otra punta del planeta, macramé, criar hijos o escribir tus memorias aun sabiendo que no las leerá absolutamente nadie»

Iñaki 'Uoho' Antón. (Foto: María Martín Pareja.)


Son numerosos los títulos que este músico, nacido en Bilbao hace 53 años, ostenta. Fundador de Platero y Tú. Responsable, junto con Roberto Iniesta, de la música de Extremoduro desde hace más de 20 años. Guitarrista excelso y, en suma, leyenda viva del rock español. El grupo que creó en 2006, Inconscientes, acaba de publicar su tercer disco de creación, ‘No somos viento’. Son nueve canciones poderosas, sólidas, puro rock. Un trabajo coherente que se desmarca del pop teñido de rock de diseño que manda hoy día en las emisoras de radio y reivindica a los clásicos. Fito Cabrales, Kutxi Romero (a quien las letras le deben mucho) y Carlos Tarque han dejado su impronta vocal en él. 

Pregunta.– Tras una década de inactividad, Inconscientes ha producido dos discos de estudio en menos de dos años, uno de ellos doble, 26 canciones en total. Ante tal derroche creativo podría pensarse que Extremoduro coarta la creatividad de Iñaki ‘Uoho’ o, al menos, que no la sacia.

Respuesta.– Yo no lo veo del todo así. Si algo me gusta de Extremoduro es que es un grupo en el que, musicalmente, cabe todo, o casi todo; no hay más que dar un repaso a los discos para comprobarlo. En ese aspecto, me parece un proyecto muy rico. Ahora bien, yo tengo, también, la enfermedad del rocanrol, y es en Inconscientes donde puedo dar rienda suelta a otra visión de la música y de las canciones, desde un punto de vista más estrictamente roquero.

P.– Tienen sus nuevas canciones un aroma inequívocamente clásico, deudor de Deep Purple y AC/DC. Puede parecer contradictorio el que por más que abran nuevos caminos desemboquen siempre en los mismos sitios, pero yo diría que es, incluso, lógico: la cabra –está en su naturaleza– se lanza al monte.

R.– Exacto. Y esa es, precisamente, la función que cumple Inconscientes en la vida de sus miembros. Podemos abordar diferentes estilos, o tratar de inventarlos, pero es en Inconscientes donde no nos cortamos de disfrutar de nuestras influencias más primitivas, a las que necesitamos dar salida.

P.– En los textos de ‘No somos viento’ ha trabajado mano a mano con Kutxi Romero, líder de Marea y discípulo aventajado de Robe. ¿A Inconscientes le faltaba enjundia lírica y de ahí ese ‘fichaje’?

R.– Lo que nosotros pretendemos es ofrecer trabajos de calidad, y es en los textos donde pienso que teníamos más margen de mejora, sí. Por eso hemos dedicado un espacio de tiempo generoso a trabajar exclusivamente en ellos; para colocarlos, al menos, al nivel de nuestra música. Ha sido muy enriquecedor, tanto desde el aspecto personal como desde el creativo, abordar los textos a partir de ideas preconcebidas y pulirlos con esmero y con paciencia. Kutxi domina muy bien el idioma, y vive para escribir o, por lo menos, vive escribiendo. Aprendo mucho trabajando junto a él y, además, me lo paso muy bien. No sé si es discípulo de Robe (me refiero al aspecto literario, que es de lo que estamos hablando), pero su forma de trabajar los textos y su estilo van por caminos muy diferentes. Diría, incluso, que bastante opuestos.

P.– ¿Agradecerán los seguidores de Inconscientes, amantes de las frases inmediatas, directas, esa mayor complejidad letrística?  

R.– Hemos tratado, en general, de no abusar de la metáfora que esconde, dejando que cada oyente o lector pueda darle su propia interpretación a los textos, sí, pero dejando que se entrevea el fondo para quien quiera buscarlo. No queremos hacer música en la que en dos escuchas hayas descubierto todo, y con las letras tratamos de llegar a ese mismo punto.




P.– La presencia en una de las canciones (‘Lloverá’) de su antiguo compañero Fito Cabrales, con el que llevaba años distanciado, ha sido una grata sorpresa. ¿El reencuentro fue un “decíamos ayer”, como si no hubiese transcurrido el tiempo?

R.– Sí, así fue. Parecía totalmente (como le pudo ocurrir a Don Miguel) que habíamos estado juntos en el estudio la semana anterior. Todo fue muy sencillo de hacer para ambos. Y muy divertido.

P.– ¿Tuvieron ocasión de hablar acerca de colaborar en algo más ambicioso o esa etapa ya pasó para siempre? 

R.– Aquello fue muy importante en nuestras vidas y, en nuestro caso, no puede pasar para siempre; al menos, permanece en nuestra memoria y en nuestros sentimientos. Hablamos de una colaboración mía en sus conciertos de Bilbao, hablamos de la vida, hablamos de Platero y tú también, sí… pero en pasado, con cariño. Batallitas de antiguos compañeros que han vivido mucho juntos y que se quieren.

P.– Durante años compaginó Platero y Tú y Extremoduro, y ahora se divide entre Extremo e Inconscientes. ¿El pluriempleo es por gusto, necesidad o ambas cosas?

R.– No lo sé. Quizá sean ganas de hacer cosas. Mientras quieras hacer cosas, estás vivo. Da igual que sea música, cooperar en la otra punta del planeta, macramé, criar hijos o escribir tus memorias aun sabiendo que no las leerá absolutamente nadie. Espero tener siempre ganas. De lo que sea.

P.– En un mundo cada vez más tecnológico, vive no ya de hacer música, sino rock. ¿Se siente de una estirpe en vías de extinción?

R.– Tal y como está el tema de la música ahora mismo en el país, hay veces que sí. Pero se me pasa.

P.– De hecho, es, le guste o no, una “leyenda viva” del rock español. ¿Esa etiqueta pesa demasiado cuando aborda un nuevo trabajo, siente una responsabilidad extra? 

R.– Creo –porque las cosas del interior nunca se saben con absoluta certeza– que no siento que yo pueda ser alguien tan importante, y quizá eso me libere de mucha presión y me ahorre lo que me imagino que tiene que ser una horrible trabajera: competir contra mí mismo y contra el resto del mundo para ser la hostia. Eso me robaría la mayor parte del disfrute que obtengo con mi trabajo.

P.– Como vasco castellanohablante, ¿entiende el conflicto catalán? ¿Le ve solución?

R.–  Respecto al conflicto, llamémoslo así, catalán, creo que la solución es obvia: el respeto y la convivencia. Cuando el respeto decrece, inmediatamente, los conflictos crecen. Si los políticos empiezan a respetar, lo más probable es que la gente que les sigue les imite. Y respetar no es pedir respeto a los demás: es empezar por uno mismo.

P.– La moción de censura presentada por el PSOE prosperó gracias al apoyo nada desinteresado de una amalgama de siglas y ya tenemos un nuevo Gobierno, por más que se inicie una etapa de incertidumbre. ¿Le parece bien que Pedro Sánchez comande la nave o cree que deberían convocarse elecciones para que sean los ciudadanos quienes decidan quién debe hacerlo?

R.– No entiendo, ni quiero entender, de política, pero, a pesar de ello, me atrevo a pensar que en una situación tan excepcional como esta –quizá la más excepcional de la era democrática–, lo lógico es votar y reorganizar. Un político que tiene miedo a unas elecciones en una situación así, acojona. Porque, sin duda, está diciendo sin disimulos que le interesa más el poder que la ciudadanía. Con todo, deseo que lo haga mejor que los anteriores por la cuenta que nos trae. No debería ser difícil.


Portada de No somos viento, tercer disco de creación de Inconscientes.




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